No hay café para todos

Cuenta la leyenda, que en 1977, cuando se iniciaron los preparativos para la redacción de la Constitución, Manuel Clavero utilizó la expresión "café para todos" cuando José Varela le propuso a Fernando Abril reconocer los Estatutos de Cataluña y el País Vasco aprobados por la República. Parece ser que estos le transmitieron la idea a Adolfo Suárez y este aceptó la propuesta.

 

Dichos Estatutos de Autonomía, anteriores a la Guerra Civil, no concedían ni la mitad de las transferencias de las que ahora disfrutan Cataluña y el País Vasco, a pesar de que los políticos nacionalistas de la barretina y la txapela se empeñan en convencernos de que la República fue mucho más generosa que el sistema autonómico actual. En este sentido, cabe destacar que la República no concedió a vascos o catalanes ni la educación (que seguía en poder del Gobierno), ni la lengua (el castellano sería la lengua común de todos los españoles).

Aunque los políticos se empeñen en repetir una mentira un millón de veces, esta no se convertirá en verdad: el grado de autonomía y autogobierno alcanzado, no solo por Cataluña y País Vasco, sino por todas las CCAA, es muy superior al habido en cualquier otro momento en la historia de España. Incluso a nivel europeo y mundial, no existe un país en el mundo más descentralizado que el nuestro.

"Que políticos de diferentes partidos se tomen un café de manera amistosa no tendría que ser algo extraño ni censurable. El problema aparece cuando dicha pausa se convierte en un cachondeo y como de costumbre, los políticos se ríen de nosotros."

He manifestado repetidas veces en este blog mi opinión acerca del sistema autonómico, por lo que no pienso extenderme más al respecto. Sin embargo, y a pesar de que no me agrada especialmente escribir acerca de temas de actualidad, puesto que ya se encargan de ello cientos de periodistas, sí que me parece interesante analizar lo ocurrido hace unos días en el Parlamento de Cataluña durante un descanso en el que sus señorías (por llamarlos de alguna manera) aprovecharon para tomarse un café. Porque en todos los trabajos se fuma, ¿no?

La cosa no habría tenido la mayor trascendencia y no nos habríamos enterado de nada de no ser porque un cámara de televisión continuó grabando mientras varios políticos tomaban café. En principio, que políticos de diferentes partidos se tomen un café de manera amistosa no tendría que ser algo extraño ni censurable. El problema aparece cuando dicha pausa se convierte en un cachondeo y como de costumbre, los políticos se ríen de nosotros.

Creo que no es necesario que explique la situación actual que se vive en Cataluña porque todos somos conscientes de la gravedad de la situación, con independencia del resultado final. Resulta que después de la aprobación por el Parlamento de Cataluña de las llamadas leyes de desconexión para iniciar el proceso de independencia de Cataluña, tras largas horas de agrias discusiones y tensos enfrentamientos entre los de la barretina y los azules... aparecen juntos y sonrientes tomándose un café.

"Efectivamente a ellos no les pasará nada: ninguno perderá su trabajo, ninguno de ellos tendrá que cerrar su empresa, ninguno tendrá que recoger sus cosas e irse a otro lugar, y por supuesto, ninguno va a entrar en la cárcel."

La escena no tiene desperdicio, en ella aparecen Alicia Sánchez Camacho, esa mujer adicta a las operaciones de cirugía estética; Andrea Levy, Vicesecretaria de estudios de los azules y famosa por su activa vida amorosa; Carles Puigdemont, el "molt orinable" president catalán; Santiago Rodríguez, secretario general del PPC; y Josep Rius, director de la oficina del president.

No me malinterpretes, con esto no quiero decir que me parece mal que se tomen un café juntos y que lo que deberían hacer es liarse a guantazos. No, no es eso. Lo que me parece vergonzoso es que en una situación de extrema gravedad, donde millones de españoles,  familias o cientos de miles de empresas están con el corazón en un puño porque no saben qué es lo que va a ocurrir por culpa de los juegos de poder de los políticos caciquiles, estos inútiles se dediquen a bromear entre ellos como si no pasara nada.

Porque efectivamente a ellos no les pasará nada: ninguno perderá su trabajo, ninguno de ellos tendrá que cerrar su empresa, ninguno tendrá que recoger sus cosas e irse a otro lugar, y por supuesto, ninguno va a entrar en la cárcel aunque sean unos delincuentes que se saltan la Ley a la torera o porque desde Madrid financian dichos delitos con nuestros impuestos. 

"Son todos iguales y simplemente hacen el paripé delante de las cámaras para que parezca que se pelean y que unos son de derecha y otros de izquierda. Nada más."

No debe sorprendernos el compadreo que tienen los políticos entre ellos, ya he dicho por activa y por pasiva que son todos iguales, que proceden de las mismas familias, que se casan endogámicamente entre ellos y que simplemente hacen el paripé delante de las cámaras para que parezca que se pelean y que unos son de derecha y otros de izquierda. Nada más.

La escena no tiene desperdicio, e incluso habría quedado en una simple anécdota si la política azul no hubiese dicho lo que dijo. Utilizó la expresión de la que hablé al principio del artículo como una broma a Puigdemont, a lo que este le siguió el juego. Por supuesto, el resto de los presentes también se partieron de risa, faltaría más, nen. Cabe destacar la actitud de Andrea Levy, que en Madrid se envuelve en la bandera de España, pero que no dudó en aplaudir y repetir cual cotorra la broma de su compi de partido.

Es indignante que ninguna de estas dos señoras, señoritas o lo que sean no hayan sido despedidas fulminantemente por reírse de todos nosotros, aunque bien pensado, es probable que solo sigan las indicaciones de sus jefes de Madrit. A veces parece que la realidad supera a la ficción. Cuarenta años después, en la crisis más importante de nuestra democracia, la misma frase se vuelve a repetir, como si estuviésemos ante el final de un ciclo histórico. Quien sabe.

"Crearían un sistema político (el autonómico) del que todos los miembros de laclase política, desde Murcia hasta Galicia, pasando por Canarias y Madrid, podrían vivir como reyezuelos a costa de los ignorantes españoles."

Lo único positivo que se puede sacar de todo esto es que los españoles poco apoco nos vamos dando cuenta de que todo el entramado de partidos políticos no es más que una farsa que unas pocas familias y amigos representan como si de teatro se tratase, con el único objetivo de mantenernos enfrentados para así poder seguir viviendo como marqueses sin pegar un palo al agua, eso sí, a costa del dinero que nos roban mediante "impuestos".

Desde mi humilde opinión, creo que lo que aquella frase de 1977 quería realmente dar a entender, era que todas las familias políticas y caciques regionales y locales no tendrían que preocuparse porque a Cataluña y País Vasco se les aceptasen sus antiguos Estatutos de Autonomía. Porque crearían un sistema político (el autonómico) del que todos los miembros de la clase política, desde Murcia hasta Galicia, pasando por Canarias y Madrid, podrían vivir como reyezuelos a costa de los inocentes y bienpensados españolitos. Así que todos tranquilitos, a aprobar la Constitución, las autonomías, que aquí paz y después gloria. Por eso bromeaban Sánchez Camacho y Puigdemont, por eso aplaudía Andrea Levy, todos lo saben y todos se ríen como si fuera su secreto. Pero los españoles os tenemos calados porque ya ni siquiera os tomáis la molestia de disimular.

Os encargasteis de crear un diapasón eterno: derecha, izquierda, derecha, izquierda, rojo, facha, rojo, facha... que ha durado cuarenta años, ha arruinado nuestro país, ha empobrecido a los españoles, ha expulsado al extranjero a cientos de miles de jóvenes sin trabajo, ha convertido nuestro país en un pozo de corrupción sin fondo y ha acabado con nuestra democracia, ya que esta consiste  en el gobierno de la mayoría y el respeto a las minorías, no que estas se impongan al dictamen de las urnas. Hasta los hooligans políticos más acérrimos empiezan a dudar... porque a ellos también les empieza a llegar el agua al cuello. Y cuidado, porque el último converso acaba convirtiéndose en el más radical.

 

Lo que pasa es que ya no hay dinero para todos. Ya no hay café para todos.