La jaula de grillos

Dicen que la vida nunca deja de sorprenderle a uno. El otro día me dieron una clase magistral acerca de los grillos, esos insectos que hacen ese sonido (cri-cri-cri) tan característico pero que solo producen los machos como mecanismo de atracción de las hembras para aparearse. El sonido es producido debido al raspado entre las alas anteriores y las patas posteriores. Realmente curioso.

 

Existe toda una industria relacionada con los grillos (lo cual me sorprendió aun más), debido a que estos curiosos insectos son fáciles de criar y a la vez son muy solicitados para alimentar a los lagartos de los terrarios. Existen diferentes especies que producen cantos característicos, unas no producen sonido alguno y en otras especies las hembras también "cantan". Hasta en el caso de encontrarse en peligro, son capaces de cambiar la orientación del sonido para que parezca que están más alejados de donde realmente están.

 

Para la cría de estos insectos se utilizan unas jaulas, siendo las más bonitas las chinas, que están hechas artesanalmente de madera o de hueso. En China existe la costumbre de tener grillos enjaulados para poder escuchar su relajante sonido por las noches.

"Estos programas de radio o televisión no son algo nuevo y han existido casi desde siempre, sobre todo en la radio. La diferencia es que estos han ido adaptando su formato a los "gustos" de la audiencia que los sigue."

Siguiendo la línea argumental de los anteriores artículos publicados, me gustaría expresar mi visión sobre la banalidad en la que se han instalado los programas hoy denominados como de debate político o de actualidad. Creo que son bastante representativos de la situación que vivimos hoy en día, y una muestra de la sociedad en la que nos ha tocado vivir.

 

Estos programas de radio o televisión no son algo nuevo y han existido casi desde siempre, sobre todo en la radio. La diferencia es que estos han ido adaptando su formato a los "gustos" de la audiencia que los sigue. Hace muchos años, "La Clave" de José Luís Balbín (inspirado en un programa de la televisión francesa), emitía unos programas muy interesantes sobre determinados asuntos de actualidad. A él acudían verdaderos expertos, intelectuales, filósofos y toda una pléyade de personalidades que debatían y exponían de forma educada y argumentada sus opiniones y pareceres al respecto. Si buscas en Youtube encontrarás algunos programas todavía. Te lo recomiendo.

 

Por otra parte, los programas de la mañana en las diferentes cadenas de televisión siempre tenían una mesa de debate en la que se comentaba la actualidad política. Ana Rosa Quintana o María Teresa Campos moderaban estos espacios e incluso se daba la oportunidad a la audiencia para intervenir en directo en el programa y expresar su opinión.

"Programas light para hombres light, en una sociedad light gobernada por políticos light. Aquí parece que nada se salva de la enfermedad de la banalidad y la mediocridad."

A raíz de la crisis, este tipo de formatos televisivos se extendieron y empezaron poco a poco a adquirir un tinte diferente... por decirlo de manera suave. Del objetivo inicial de comentar la actualidad social y política, pasaron a convertirse en lo que son actualmente: una jaula de grillos. En el sentido de que son pura y simplemente programas centrados en el espectáculo, donde la razón, los argumentos o el debate brillan por su ausencia. Programas light para hombres light, en una sociedad light gobernada por políticos light. Aquí parece que nada se salva de la enfermedad de la banalidad y la mediocridad.

 

Casi a cualquier hora y en cualquier canal o emisora, podrás encontrar un programa de este tipo, en una invasión mediática sin precedentes. En estos programas-espectáculo lo principal es la confrontación y la discusión, en lugar del sano debate y la argumentación de ideas. La imagen que transmiten es la de dos cabestros sobre sus patas traseras golpeando una y otra vez sus cabezas. Allí nadie convence a nadie... porque tampoco lo pretenden. Solo buscan el enfrentamiento y la discusión bizantina entre ellos. Siempre hay dos bandos enfrentados, como si fuese una pelea de perros callejeros: lanzan el trozo de carne en forma de tema de actualidad y allí que se lanzan los llamados "contertulios" a pelearse hasta que el moderador tira de las correas hacia las esquinas y vuelta a empezar con otro nuevo trozo de carne.

 

Todo ello aliñado con los aplausos, silbidos o abucheos del público, debidamente dirigidos por el aplaudidor desde detrás de las cámaras. Toda una legión de amas de casa, jubilados, desempleados, canis y chonis sentados detrás de los opinadores sin entender nada de lo que allí se cuenta y estirando el cuello a ver si salen en pantalla y tienen su minuto de gloria. En eso han convertido lo que originalmente eran los programas de debate político o de actualidad. 

"Jamás se les ocurrirá llevar allí a un experto en algo: un científico, un profesor, un médico o un ingeniero. ¿Para qué?, si ellos se bastan y se sobran. Son los nuevos Leonardos Da Vinci de nuestro tiempo porque saben de todo."

Es curioso que los opinadores profesionales, puesto que no se les conoce otra ocupación aunque ellos se denominen a sí mismos como periodistas, siempre son los mismos. Enciendes la radio por la mañana y fulanito está opinando. A mediodía volverá a ver a fulanito en televisión opinando también. Y por supuesto, el fin de semana por la noche también se encontrará a fulanito opinando de todo.

 

Opinando de todo pero sin saber de nada, diría yo. Y esta es la clave del asunto:

 

· Todo se basa en la opinión en lugar de en la información, o mejor aun en el conocimiento. "Yo creo que...", "en mi opinión...", "desde mi punto de vista..." son las muletillas utilizadas para argumentar un asunto: simplemente opiniones. ¿Y la información imparcial?, ¿y los argumentos?. En un mismo programa un opinador defenderá una cosa y el de enfrente totalmente la contraria. ¿Cuál es la verdad?. Ninguna, porque están pagados por los partidos políticos para que les defiendan, nada más.

 

· Todo esto agravado por la escasa capacidad intelectual de estos supuestos expertos en todo. ¿Política?. Yo creo que... ¿Economía?. Yo opino... ¿Enseñanza?. En mi opinión... y así con la medicina, la justicia, el deporte, la cultura y todo aquello que se les ponga por delante. Eso sí, jamás se les ocurrirá llevar allí a un experto en algo: un científico, un profesor, un médico o un ingeniero. ¿Para qué?, si ellos se bastan y se sobran. Son los nuevos Leonardos Da Vinci de nuestro tiempo porque saben de todo.

"Es aun más sorprendente a transformación de la democracia y la participación ciudadana en una especie de tele-democracia donde los espectadores desde el sillón de su casa comentan, aplauden o discuten con la televisión en una esquizofrenia colectiva digna de estudio."

Como mucho aparece por allí algún político de segunda fila o retirado a contar sus historietas, un economista que no ejerce, a promocionar su ultimo libro en el que él solito soluciona todos los problemas del país, o alguna vieja gloria de la televisión... que también tiene que dar su maldita opinión sobre la política, la economía o la enseñanza sn tener ni idea de lo que habla, solo porque hace veinte años era alguien "famoso".

 

Todo esto ha convertido un asunto de la máxima importancia y seriedad como es la política, en una especie de payasos de la tele 2.0... pero sin gracia alguna. La "salvamezación" de la política, donde antiguos humoristas sin gracia, directores de panfletos (periódicos) que ya nadie compra ni lee, ex-mujeres de jueces estrella estrellados, periodistas del corazón reconvertidas en sesudas analistas políticas y otros elementos, han formado una especie de parada de los monstruos o de circo de los horrores donde solo falta la mujer barbuda y el enano del cañón para completar el elenco: los payasos están todos, eso sí.

 

Es aun más sorprendente la transformación de la democracia y la participación ciudadana en una especie de tele-democracia donde los espectadores desde el sillón de su casa comentan, aplauden o discuten con la televisión en una esquizofrenia colectiva digna de estudio. Una vez acabada la tertulia, todos se van contentos o encabronados a la cama pensando que ya está todo solucionado porque "su" representante mediático le ha metido un buen zasca al rojo de turno, o le ha leído la cartilla al facha de la otra bancada. ¡Qué a gusto se queda uno cuando la democracia funciona!

"Es la máxima expresión de la estupidez, la banalidad y la mediocridad en la que se ha convertido nuestra insulsa sociedad light: ponemos a cuatro payasos en la tele o en la radio a que se peleen y así la plebe se queda tranquila y vuelca su frustración a través de esta farsa."

Todo esto no es más que la máxima expresión de la estupidez, la banalidad y la mediocridad en la que se ha convertido nuestra insulsa sociedad light: ponemos a cuatro payasos en la tele o en la radio a que se peleen y así la plebe se queda tranquila y vuelca su frustración a través de esta farsa. Estos programas están controlados al milímetro mediante un guión pre-establecido con el que se manipula a la opinión pública de manera muy sutil... pero efectiva a más no poder. El qué se salga del guión, no vuelve a ser "invitado" al programa y se queda sin sus jugosos 100, 300 o 500 euros.

Desde luego qué bajo han caído los periodistas en nuestro país vendiendo su alma por un puñado de euros. Luego se lamentan de que los españoles no compramos sus periódicos o sus libros. Es normal, porque la gente se ha dado cuenta del engaño y los índices de audiencia de estos programas empiezan a caer en picado en vista de la manipulación y la mentira tan burda que suponen.

No son más que el pan y circo de hoy en día para entretener a la plebe mientras la clase política hace y deshace a su antojo arruinando y hundiendo el país en los infiernos. Los políticos han encontrado en estos opinadores a sus grillos, y en las cadenas de televisión a sus jaulas. "Mientras se desahoguen con la tele y sigan votándonos, qué más da", ríen desde sus urbanizaciones de lujo al ver la tele y dentro de sus coches oficiales cuando escuchan la radio.

Y lo peor de todo es que llevan razón.