Nadie lee nada

En uno de los últimos artículos hice alusión a la Ley de Lem, también denominada como del fracaso en la lectura. Hoy explicaré en qué consiste e intentaré desarrollar mi propia teoría aplicada a la sociedad española actual basándome en ella. A pesar de que dicha ley suena a una antigua maldición egipcia, la Ley de Lem fue plasmada por Stanislaw Lem en su libro "Provocación" escrito en 1982. En el libro, el autor hacía una reflexión bastante acertada acerca del miedo de los editores y de las editoriales a publicar libros ante la excesiva oferta de ocio en todas sus variantes, el bombardeo publicitario y la falta de tiempo de las personas para relajarse y leer de manera concentrada y reflexiva.

 

No era la primera vez que alguien se refería a esta situación, ya que en el siglo XVIII, Georg C. Lichtenberg, un científico y escritor alemán, afirmaba con bastante ironía que "los libros son una de las mercancías más extrañas que existen: son impresos, encuadernados y vendidos por personas que no los leen. Criticados y leídos por personas que no los entienden... y lo que es peor, escritos por personas que tampoco los entienden".

 

La Ley de Lem consta de tres enunciados:

· Nadie lee nada.

· Los pocos que leen, no comprenden lo que leen.

· Y de esos pocos que entienden algo, se les olvida enseguida.

Menudo panorama, ¿no?. Pues tenía más razón que un santo, veamos porqué.

"Cada vez menos personas leen libros, tal y como reflejan las cifras de ventas de las editoriales. Las personas de más edad son las que más leen y solo hace falta ver a los niños y adolescentes absortos en sus móviles y sus tablets."

No hace falta ser muy observador para darse cuenta de que cada vez menos gente lee libros. La facturación de las editoriales en España ha caído más de un 30% desde 2008, que se dice pronto. La facturación se ha mantenido estable gracias a la venta de libros de texto, el único negocio al que se pueden agarrar para sobrevivir. Un negocio cautivo que supone otro impuesto a las familias, ya que cada año estas deben comprar libros nuevos. En mi época de estudiante yo utilizaba los libros de mis primos mayores y mi hermano pequeño los volvía a utilizar después.

 

Gracias a que ahora los libros de texto han dejado de ser libros para convertirse en cuadernos de ejercicios, las familias deben comprar libros nuevos cada año. En mi época estaba prohibido escribir en los libros, hasta los mismos profesores nos regañaban si lo hacíamos, "¿no tienes un cuaderno para escribir?, pues ya sabes" nos decían. Desde entonces, nunca jamás se me ha ocurrido escribir o anotar nada en un libro.

 

Cada vez menos personas leen libros, tal y como reflejan las cifras de ventas de las editoriales. Las personas de más edad son las que más leen y solo hace falta ver a los niños y adolescentes absortos en sus móviles y sus tablets. No hacen otra cosa: desde bien pequeños empiezan con los vídeos que les ponen sus padres para entretenerlos y quitárselos de encima, luego con juegos para que no les molesten, y cuando son un poco más mayores les compran un móvil y empiezan con facebook, instagram y wasap. Por último, cuando se empiezan a hacer mayores se hacen adictos al twitter.

"Qué tiempos aquellos donde no existían los móviles ni las pantallas de los reposacabezas, había que hablar y relacionarse con los hijos... y los hijos con los padres. Algo impensable hoy en día."

Si usted va a un restaurante, un bar o una terraza, todos están mirando la pantalla de su móvil, los niños y los padres. Si se fija cuando viaja en coche, verá al copiloto mirando la pantalla del móvil y a los niños detrás viendo una pantalla situada en los reposacabezas de los asientos delanteros, o si son adolescentes... mirando su pantalla del móvil también. Esto es bien visible si conduce de noche, ya que la sensación es que de las cabezas de los padres sale una luz luminosa a la que los niños miran embobados. Todo con tal de que se callen y no molesten.

 

La verdad es que es muy triste. Cuando yo era pequeño y viajaba con mis padres en el coche, íbamos hablando o escuchando y cantando algún cassette de Ana Belén, José Luís Perales o Mecano. Más tarde de los Hombres G... qué recuerdos de aquellos viajes. Cuando era muy pequeño y estaba aprendiendo a leer, me dedicaba todo el viaje a leer las marcas de los coches y los carteles: SE-AT, RE-NA-ULT, "no hijo, se dice renol", "¿y por qué papá, si pone RE-NA-ULT?", "porque es una marca francesa y se pronuncia así", "ah vale, qué raros estos franceses" decía yo.

 

Cuando empecé con los números y las operaciones matemáticas, el coche se convirtió en toda una matraca de sumas y restas con los números de las matrículas del coche que nos precedía por la general (antes de las autopistas, las radiales y demás obras faraónicas). Qué paciencia tenían mis padres, Dios mío. Todo y cuando digo todo, es todo el viaje así. A ratos el veo-veo y pare usted de contar. No había otra cosa que hacer y así nos entretenían hasta llegar a nuestro destino. Qué tiempos aquellos donde no existían los móviles ni las pantallas de los reposacabezas, había que hablar y relacionarse con los hijos... y los hijos con los padres. Algo impensable hoy en día, por supuesto.

"Es muy importante acostumbrar a los niños a leer desde jóvenes para que vayan cogiendo el hábito y se acostumbren, aunque al principio les cueste trabajo y esfuerzo."

Siguiendo con el tema de Lem, es importante tener en cuenta que el hábito de lectura es algo que se entrena. Por así decirlo, el cerebro no es un músculo pero funciona de una manera similar. Por eso recomiendan a las personas mayores mantenerse activas intelectualmente con crucigramas, sudokus, lectura... ya que las neuronas si no se utilizan, se pierden. Esto es debido a que el cuerpo humano es una máquina sabia y todo órgano que no se utilice se "apaga" para no consumir recursos. El cerebro humano consume muchísima energía y el organismo prefiere dedicarla a otras funciones vitales.

 

Por eso es tan importante acostumbrar a los niños a leer desde jóvenes para que vayan cogiendo el hábito y se acostumbren, aunque al principio les cueste trabajo y esfuerzo. Sin duda es una inversión muy rentable para ellos, ya que les será de gran ayuda cuando tengan que estudiar. Cada vez que abro un libro agradezco tanto a mis padres como a mis profesoras (casi todas eran mujeres), haber desarrollado en mi el interés por la lectura desde pequeño. He de decir que no me las quiero dar de lo que no soy: yo era un estudiante muy normalito y siempre me quedaba alguna para septiembre.

 

En mi casa se me inculcó desde muy pequeño el hábito de lectura y no a la fuerza, sino como algo natural y cotidiano. En el salón teníamos una estantería de obra que cubría toda una pared a rebosar de libros, y mi padre siempre ha sido un gran lector. El día que ya no esté (que espero que sea dentro de muuuuuuuuuuuuchos años), la imagen más característica de él que guardaré en el recuerdo será sentado en el sillón orejero leyendo hasta que se quedaba dormido con el libro reposando en sus piernas.

"Es sorprendente que las generaciones anteriores a la nuestra hayan estudiado con un solo libro de texto cada curso (La Enciclopedia Álvarez), y que hoy día los niños en los colegios tengan que comprar casi veinte libros todos los años, menudo negocio."

Por suerte, en el colegio donde estudié también fomentaban mucho la lectura. Recuerdo que al inicio de cada curso escolar cada alumno de mi clase debía comprar un libro de una lista que las profesoras decidían. Existía en cada clase una estantería donde se colocaban los libros... que no duraban mucho allí. Cada semana, cada alumno debía coger un libro, leerlo y devolverlo el lunes siguiente por estricto orden de lista de tal forma que a final de curso cada alumno había leído entre 25 y 30 libros. No nos hacían exámenes ni trabajos sobre lo que leíamos, simplemente nos llevábamos cada semana un libro y ya está.

 

Este simple hábito conseguía que nos acostumbrásemos a los libros por el simple contacto con ellos y la rutina. Gracias a esta idea tan maravillosa del cuadro docente, durante cinco años pude leer por el precio de cinco libros, más de cien. Al principio eran libros de Teo, luego de la colección Barco de Vapor, de Los Cinco y así se iban adaptando al nivel de cada curso.

 

Esto ya no existe en los colegios, ¿por qué?. Pues porque lo que se lleva son los grupos de wasap de los padres (más de un matrimonio se ha roto por esta estupidez), los cumpleaños, los viajes de fin de curso a Benidorm, el campus virtual donde aparecen los deberes de cada niño... ¿y los libros?, ¿es que nadie piensa en algo tan simple como los libros?. Es sorprendente que las generaciones anteriores a la nuestra hayan estudiado con un solo libro de texto cada curso (La Enciclopedia Álvarez), y que hoy día los niños en los colegios tengan que comprar casi veinte libros todos los años, menudo negocio. Además, las generaciones anteriores están mucho más formadas y tienen más conocimientos de historia, geografía y sobre todo una mejor caligrafía que las actuales a pesar de solo usar un solo libro de texto cada año, ¿sospechoso, no?

"Mis padres madrugaban los fines de semana y me llevaban a los entrenamientos y los partidos de mi equipo, al parque a jugar al fútbol, a la cancha de baloncesto a pasarme balones... en lugar de enchufarme el vídeo en la tele, en el ipad o ponerme el juego en la videoconsola para que les dejase en paz."

En mi casa el ordenador e internet llegaron juntos (imagínese desde cuando había ordenadores), mi primer portátil lo tuve en la universidad para jubilar la máquina de escribir con la que hacía los trabajos en el instituto. El DVD llegó antes que el vídeo porque no compraron nunca un vídeo... y de vídeojuegos ni hablamos. Cada vez que intentaba chantajear a mi madre con que todos mis amigos tenían ordenador, consola, walkman... su respuesta de madre era siempre la misma, "¿y si tus amigos se tiran por un puente, tú también te tiras?" Esta respuesta evolucionó a la archiconocida sentencia del "ni consola ni consolo" que era más hiriente porque podía percibir el sarcasmo de mi madre.

 

No hubo ninguno de esos chismes por casa, pero sí que hubo pelotas, yo-yos, cromos, bicicletas, raquetas y libros, muchos libros. Para mi hermano, que es el artista de la familia también hubo flauta, clases de solfeo y hasta un piano electrónico. Mis padres madrugaban los fines de semana y me llevaban a los entrenamientos y los partidos de mi equipo, al parque a jugar al fútbol, a la cancha de baloncesto a pasarme balones... en lugar de enchufarme el vídeo en la tele, en el ipad o ponerme el juego en la videoconsola para que les dejase en paz.

 

Si yo algún día llegara a ser la mitad de la mitad de la mitad de buen padre con mis hijos de lo que lo fueron ellos y regalarles una infancia como la que yo viví, me daría con un canto en los dientes.

"Ser un analfabeto funcional consiste en saber leer y escribir pero sin entender lo que se lee o lo que se escribe, y es un problema gordísimo... ¿recuerdas lo del timo de las preferentes y las cláusulas suelo de las hipotecas?, pues eso es, firmar algo sin leerlo porque iba a dar igual leerlo que no. Total, no lo iban a entender."

Volvamos a Lem. Más o menos podemos intuir por qué ya nadie lee. Ahora bien, de los pocos que leen, ¿por qué no comprenden lo que leen?. Pues porque si uno no se acostumbra a leer desde pequeño, cuando necesite de esa habilidad para estudiar, informarse o lo que sea, no entenderá nada y le sonará a chino. Según un estudio realizado recientemente, los jóvenes no son capaces de entender lo que dice un texto de más de tres líneas porque se pierden. No es una cuestión de voluntad, es un problema de comprensión lectora, un fenómeno cada vez más habitual en los centros de enseñanza. Es lo que se conoce como analfabetismo funcional, una disfunción que normalmente afectaba a personas sin formación o que no habían podido estudiar. 

 

Básicamente y sin entrar en tecnicismos que no vienen al caso, ser un analfabeto funcional consiste en saber leer y escribir pero sin entender lo que se lee o lo que se escribe: sabes el continente, pero no el contenido. Muy propio de la sociedad banal y superficial en la que nos ha tocado vivir. Y es un problema gordísimo... ¿recuerdas lo del timo de las preferentes y las cláusulas suelo de las hipotecas?, pues eso es, firmar algo sin leerlo porque iba a dar igual leerlo que no. Total, no lo iban a entender.

 

Ese es el futuro que les espera a las siguientes generaciones de estudiantes: ser unos analfabetos funcionales pegados a la pantalla de su móvil, sus vídeos de facebook o al twitter, la sociedad del tuit, el meme o el zasca. Brillante futuro les espera, y a nosotros si creemos que nos van a pagar las pensiones. Olvídate.

"La gente con leer las noticias en el periódico tiene bastante, pero eso no es formarse, es solo informarse y estar al día, nada más. También confunden leer alguna novelilla de éxito de vez en cuando con la literatura."

A día de hoy, la gente con leer las noticias en el periódico tiene bastante, pero eso no es formarse, es solo informarse y estar al día, nada más. También confunden leer alguna novelilla de éxito de vez en cuando con la literatura: Cincuenta sombras de Grey, Crepúsculo, Harry Potter o El señor de los anillos son un buen entretenimiento. Sin embargo, Cervantes, Shakespeare, Aristóteles, Fromm o Galdós son literatura. Al igual que confunden la cultura con el ocio: el cine, excepto las obras maestras de los grandes genios cinematográficos, no es cultura. La escultura, la pintura o la escritura sí que lo son.

 

El regetón (paso de mirar cómo se escribe porque no me interesa), la kizomba (tampoco me interesa) o el rap tampoco son cultura. Mozart, Beethoven o Vivaldi sí que lo son y de qué manera. Comparar a estos genios irrepetibles con los anteriores es como comparar a Dios con un gitano. Y que conste que a mi me gustan los Hombres G, Mecano o Ana Belén, pero no digo que sean cultura ni que yo me considere un intelectual por escucharlos.

 

La última afirmación de la Ley de Lem dice que a los pocos que entienden algo, se les olvida enseguida, ¿por qué?. Porque como hemos dicho antes, el cerebro es como un músculo y se debe entrenar. Toda esa campaña mediática en contra de los deberes escolares debería avergonzar a los padres que defienden dicha propuesta. Es cierto que un niño pequeño no debe tener muchos deberes, eso es cierto. No tiene sentido que se acueste a las diez de la noche haciendo trabajos y rellenando fichas. En eso estamos de acuerdo.

"Sospecha de quien te intente convencer de que tu hijo lo mejor que puede hacer es estar jugando toda la tarde con el móvil o la consola, porque algo trama... y seguro que no es nada bueno ni para ti ni para tu hijo."

Lo que también es cierto es que deben ir habituándose poco a poco a estudiar, a sentarse en la mesa y acostumbrarse a estudiar o a repasar y a leer. Cuando son pequeños, media hora por ejemplo e ir aumentando el tiempo a medida que avanzan en la complejidad de sus estudios. Es la única manera para que cuando lleguen a la universidad, o más tarde a una oposición, tengan el hábito y la capacidad de estudiar y memorizar durante largas horas.

 

¿Acaso estás dispuesto a que te recete un medicamento un médico que sabe leer pero que no entiende lo que pone en el vademécum?, ¿o que un arquitecto te diseñe tu casa sin saber si el plano está hacia abajo o hacia arriba porque no lo entiende?, ¿o que un ingeniero construya un puente o un túnel por el que pasarás, pero sin entender cómo se calculan las fórmulas que sustentan dicha estructura?, ¿o estar a merced de un policía que no entiende lo que dice la Ley? o...

 

No te engañes, para el conocimiento y el aprendizaje no hay atajos ni fórmulas mágicas que valgan, solo esfuerzo, constancia y codos, muchos codos. Sospecha de quien te intente convencer de que tu hijo lo mejor que puede hacer es estar jugando toda la tarde con el móvil o la consola, porque algo trama... y seguro que no es nada bueno ni para ti ni para tu hijo. Piensa que cuanto menos formado intelectualmente, menos crítico, más manipulable y más dependiente será de los demás. Exactamente todo lo contrario de lo que la enseñanza debe ser.

"Tampoco hay que agobiarse, porque bien pensado, para ser cajera o reponedor de supermercado, camarero o limpiadora, tampoco hace falta mucho más, ¿no?"

En eso llevan los políticos de nuestro país décadas: en estropear el sistema de enseñanza con cambios de leyes, igualar el nivel por abajo, desprestigiar la labor docente y quitarles toda su autoridad, no premiar el esfuerzo y el trabajo... todo para crear adultos sin criterio alguno, manipulables, infantilizados y fácilmente controlables.

 

Tampoco hay que agobiarse, porque bien pensado, para ser cajera o reponedor de supermercado, camarero o limpiadora, tampoco hace falta mucho más, ¿no?. Mientras tanto, los hijos de los políticos estudian en colegios privados y elitistas donde sí les obligan a hacer deberes, a estudiar y les imparten disciplina. Les preparan para ser los futuros amos y señores de nuestros atontados, incultos y manipulables hijos estropeados en el sistema público de enseñanza diseñado por la clase política.

 

P. D. Si has leído las más de 3000 palabras de este artículo y además lo has entendido, mi más sincera enhorabuena porque eso significa que no eres un analfabeto funcional y que has superado las dos primeras sentencias de la Ley de Lem... si te acuerdas dentro de un mes de lo que decía este artículo, habrás superado la tercera y última.