¿Dónde está la bolita?

Es evidente que todas las medidas que se han tomado durante estos años no han hecho otra cosa que empeorar la situación: subidas de impuestos, recortes sociales, subvenciones, aumento de cargos públicos, más leyes y burocracia, aumento del nacionalismo... causando un nivel de desempleo propio de un país tercermundista, una caída de la economía sin precedentes, un clima de confrontación creciente entre los españoles y un grado de corrupción insostenible. Todo ello en un país que se vanagloria de ser avanzado, justo y democrático. 

 

Pero no debemos regocijarnos en la desgracia, tenemos que ser optimistas y proactivos planteando soluciones a los problemas que todos sufrimos, que es lo que hace falta de verdad. Hay que vencer la apatía y luchar para salir adelante todos juntos. Lo que todos tenemos en mente no es disparatado ni es imposible porque muchos expertos independientes están de acuerdo y lo corroboran. Los propios españoles somos el mejor ejemplo de que funcionan porque son medidas que aplicamos nosotros mismos en nuestros hogares y en nuestros negocios, en el mundo real. Puro sentido común.

 

Si alguien piensa que haciendo lo mismo va a conseguir resultados diferentes, está muy equivocado. Votar una y otra vez a quienes defienden una manera atrasada de hacer las cosas a pesar de que se pongan nombres pegadizos, colores chillones, se quiten la corbata o se dejen coleta, no cambiará nuestra situación porque son más de lo mismo.

"La clase política lo primero que hace al llegar al poder es meter los programas electorales en un cajón bajo siete llaves, no sea que a alguien se le ocurra preguntar acerca de las promesas que aparecen en ellos."

Un buen ejemplo de ello son los programas electorales, que cada vez se parecen más a los trabajos de los estudiantes: al peso. Cientos de propuestas y medidas que nunca se aplicarán, un auténtico brindis al sol. Total, una vez alcanzado el poder, con buscar excusas y culparse los unos a los otros, a los mercados, a Europa, a la herencia recibida... es más que suficiente para justificar su falta de ideas y propuestas efectivas. La culpa es de los azules, la culpa es de los rojos, la culpa es de los azules, la culpa es de los rojos... como un diapasón simétrico que se mueve de un lado al otro en función de quién esté en el gobierno en cada momento.

 

· El programa electoral de los azules tiene 226 páginas.

· El de los rojos tiene 274 páginas.

· El de los morados tiene 332 páginas.

· El de los naranjas tiene 338 páginas.

 

¿Quién en su sano juicio se va a leer 1170 páginas para informarse y votar con responsabilidad?. Nadie. Don Quijote de la Mancha tiene entre 900 y 1200 páginas dependiendo de la edición, así que podemos hacernos una idea del tiempo que tendríamos que emplear para leer los programas electorales y poder votar de manera consecuente y con responsabilidad. Por ejemplo, si en el programa electoral del partido al que votas, pone que debes entregarle todo tu dinero y a tus hijas vírgenes al Estado... tú no lo sabrás porque no lo habrás leído, pero como es "tu" partido pues te da igual, porque son los "tuyos". Una muestra de irresponsabilidad que nos ha llevado a la situación actual. Y lo peor de todo es que nos lo tenemos completamente merecido.

 

Por otra parte, ¿cómo va a controlar el ciudadano si el programa electoral se cumple?. No puede porque le supera, ya que es imposible determinar el cumplimiento de cientos de medidas. La clase política, sabedora de ello, llena sus programas de cientos de propuestas a cada cual más extravagante, y lo primero que hace al llegar al poder es sacar las botellas de champán de la nevera, y lo segundo meter los programas electorales en un cajón bajo siete llaves, no sea que a alguien se le ocurra preguntar acerca de las promesas que aparecen escritas en ellos.

"Los principales problemas de España para los españoles son el paro, la corrupción, los políticos y la economía. La clase política y sus decisiones son el problema y no otro."

Las soluciones que proponen están dirigidas exclusivamente a enriquecerse y no a resolver los problemas reales de la sociedad española. 

 

Los partidos políticos se conocen de memoria todos los datos que ofrecen las encuestas del C.I.S. (Centro de Investigaciones Sociológicas) y otras empresas sobre la intención de voto de los ciudadanos españoles. Si se olvidasen de hacer cábalas de votos y escaños podrían echar un vistazo a la encuesta que también publica el C.I.S. todos los meses sobre la percepción de los principales problemas de España para los españoles. Según los datos de la encuesta de abril de 2016, los principales problemas de España para los españoles tal y como aparecen nombrados son:

 

· El paro (78.4%).

· La corrupción y el fraude (47.8%) + los políticos en general, los partidos políticos y la política en general (20.8%) = (68.6%).

· Los problemas de índole económico (25.1%).

 

El siguiente problema en importancia baja ya al 9.7% (los problemas de índole social) y de ahí para abajo. Las posibilidades de elección son numerosas, en total 56, lo que hace aún más relevantes los resultados, porque no es lo mismo elegir entre diez opciones que entre cien. 

"Los programas electorales de todos los partidos están llenos de medidas y subvenciones destinadas a ellos mismos y a las minorías organizadas, mientras que respecto a los cuatro principales problemas para los españoles, no hay nada más que vaguedades, imprecisiones y palabras vacías."

Por el contrario, es bastante llamativo que problemas a los que se les da una enorme difusión en los medios de comunicación y a los que se destinan grandes recursos económicos en los presupuestos elaborados por los partidos políticos, los ciudadanos no los consideren prioritarios:

 

· La violencia contra la mujer (0.8%) + los problemas relacionados con la mujer (0.2%) = (1%).

· El racismo (0.1%) + los refugiados (0.5%) = (0.6%).

· Los desahucios (0.6%).

 

Los datos se pueden consultar actualizados todos los meses en la página del C.I.S. Los programas electorales de todos los partidos están llenos de medidas dirigidas a estos últimos, mientras que respecto a los cuatro principales problemas para los españoles, no hay nada más que vaguedades, imprecisiones y palabras vacías.

 

Como ejemplo representativo de esta situación esperpéntica, el Ayuntamiento de Madrid tiene desde hace meses una sábana gigante colgada en su fachada que dice "Refugees Welcome", sin embargo ninguna que diga "Ánimo españoles en el extranjero, deseamos crear trabajo para que volváis a casa con vuestras familias". Una auténtica vergüenza y una tomadura de pelo. Pero no es algo exclusivo de un partido político concreto, ya que todos se empeñan en lo mismo y les falta tiempo para viajar a abrazar refugiados o para sacarse la foto con el desarrapado de turno.

"La corrección política es una auténtica plaga que está destruyendo a la sociedad española. Los españoles no podemos vivir acomplejados y amedrentados por unos pocos oportunistas, porque en realidad son una minoría aunque hagan mucho ruido."

Todos los partidos políticos hacen gala de su buenismo por miedo a molestar a aquellos que viven del cuento y del dinero de los demás para lavar sus conciencias. Tienen miedo de que se enfaden, les monten una manifestación y les acusen de ser unos fascistas, cuando en realidad los ciudadanos españoles estamos hartos de este chantaje, y los problemas a los que nos enfrentamos a diario no tienen nada que ver con estos. Debemos destinar los pocos recursos que nos quedan para arreglar los grandes problemas y no malgastarlos en asuntos intrascendentes para la inmensa mayoría de los españoles.

 

La corrección política es una auténtica plaga que está destruyendo a la sociedad española. El problema se basa en el chantaje y en los complejos y no tiene nada que ver con la solidaridad, la educación o el respeto. Los españoles no podemos vivir acomplejados y amedrentados por unos pocos oportunistas, porque en realidad son una minoría aunque hagan mucho ruido.

 

Mediante la manipulación de conceptos como libertad para decidir, libertad de expresión, igualdad, solidaridad... la clase política y sus organizaciones afines esconden oscuros intereses que no tienen nada que ver con el altruismo que predican, tales como secesión, injurias, hembrismo radical, inmigración ilegal descontrolada y otros igualmente destructivos para la sociedad española.

"Todo se reduce a grandes discursos basados en una desinteresada vocación de servicio público, pero lo que hará realmente el político de turno es exactamente lo contrario de lo que dice y promete, porque su palabra ya no vale nada."

Todo ello con el fin de crear confusión en la conciencia del ciudadano, abusando de su buena voluntad de ayudar, haciéndole sentir culpable por algo de lo que no tiene culpa alguna y con el único propósito de desvalijar las arcas públicas sin ningún remordimiento con la excusa de solucionar los problemas que ellos mismos han creado. "Yo creo el problema, pero no os preocupéis, que también traigo la solución". Los españoles estamos hartos de este chantaje continuado y debemos frenar esta sinrazón. 

 

Al final, todo se reduce a grandes discursos basados en una desinteresada vocación de servicio público, muy bien escritos por los gabinetes de comunicación de los partidos, y llenos de palabras que no entienden ni ellos mismos. Prometen millones de puestos de trabajo, bajar los impuestos, más justicia, lucha contra la corrupción y otros cantos de sirena que ya nadie se cree porque los hechos han demostrado justo lo contrario. Sin embargo, la realidad es otra muy distinta: excarcelación de terroristas, fraude fiscal, subidas de impuestos, indultos, aforamientos, desigualdad de los ciudadanos dependiendo de dónde vivan... lo que hará realmente el político de turno es exactamente lo contrario de lo que dice y promete, porque su palabra ya no vale nada.

 

Reducir el gasto y los cargos públicos, suprimir instituciones innecesarias, endurecer las penas para los delitos de corrupción, quitar los aforamientos, crear una justicia despolitizada, eliminar subvenciones improductivas... no son la prioridad. El que lo menciona lo hace en voz baja y luego si te he visto no me acuerdo. Apretemos al ciudadano un poco más, que parece que todavía aguanta otra vuelta de tuerca. La estrategia de no hacer nada o hacerlo mal durante cuatro años y vender la moto durante un mes de campaña electoral, ya no cuela. Os tenemos calados. La situación que atraviesa España no admite más juegos, se necesita una alternativa real y se necesita ya. 

"Cuanto antes asumamos que nadie va a venir a salvarnos, antes nos pondremos en marcha para salvarnos nosotros mismos."

Necesitamos una alternativa responsable y sensata. De nada sirve salir a las calles, manifestarse, protestar, pitos, tambores... los incendios no se apagan con gasolina, se apagan eliminando el oxígeno, con inteligencia y tranquilidad. Este país no necesita más movilizaciones, huelgas y crispación porque ha quedado demostrado que no sirven para nada y que solo empeoran la situación. Lo que hace falta es serenidad, decisión, ilusión y trabajo. Mucho trabajo, eso es lo que necesitamos.

 

Imaginemos que existiera un botón que nos permitiese cambiar lo que no nos gusta de este país. Igual que en los concursos de la televisión, donde se abre una trampilla bajo los pies del concursante. Falla la pregunta, la trampilla se abre y al instante desaparece... que pase el siguiente, a ver si este se la sabe. No solo es que exista, es que lo tenemos en nuestras manos. Y no es un botón, pero funciona igual. Se llama voto aunque a primera vista parece solo un papel dentro de un sobre reciclado, pero es la herramienta más poderosa que tenemos para solucionar nuestros problemas y la única a la que temen los políticos. Por esa razón se gastan el dinero que no tenemos para convencernos de que ellos son los más guapos y los más listos, y se ríen de las manifestaciones y las protestas porque saben que no sirven para nada ni cambiarán la situación que sufrimos.

 

Sin embargo, todo derecho conlleva una gran responsabilidad: la obligación de ser consecuentes, no solo con nosotros mismos, sino también con el resto de personas que conforman nuestra sociedad. Tienen cara y tienen nombre: nuestro vecino, que llega apurado a fin de mes; nuestra compañera de trabajo, a la que despidieron la semana pasada; nuestro primo, que es autónomo y está a punto de cerrar; nuestra hija, que se tuvo que ir al extranjero a buscar trabajo... quizá algún día nos toque a nosotros y no nos gustaría sentirnos solos, olvidados y desamparados. Esa es la verdadera solidaridad, no la que nos quieren vender con refugiados e inmigrantes.

 

Cuanto antes asumamos que nadie va a venir a salvarnos, antes nos pondremos en marcha para salvarnos nosotros mismos.