Vendedores de humo (1)

En Roma, durante la época del emperador Alejandro Severo, un hombre llamado Vetronio Turino presumía entre sus amistades de tener gran influencia entre las altas esferas del poder incluyendo en ellas hasta al mismísimo emperador. Gracias a ello consiguió amasar una gran fortuna a pesar de que nunca cumplía lo que prometía ni conseguía los favores que sus pagadores pretendían.

 

Como las mentiras tienen las patas muy cortas y al final todo se sabe, acabaron descubriendo la estafa y Vetronio Turino fue apresado y condenado a ser quemado en la hoguera. Como castigo ejemplar, el emperador ordenó que el fuego fuera alimentado con madera verde para que este tardase más en arder. De esta forma, el estafador murió ahogado por el humo a la vez que abrasado por las llamas. Para rematar esta dantesca escena, se le ordenó al verdugo que diera vueltas a la pira mientras repetía una y otra vez: "fumo punitur, qui vendidit fumum", que quiere decir "castigo con humo, a quien vendió humo¨. 

 

En realidad, no se sabe con certeza si este ejemplar castigo se le infligió por mentiroso o por corrupto, pero sin lugar a dudas, este elemento tan avispado podría ser considerado como el primer "conseguidor o intermediario" del que se tiene constancia. Por supuesto también como "alma mater" y ejemplo a seguir para toda una legión de seguidores que han convertido esta actividad delictiva en una profesión excelentemente remunerada. Desde luego, cómo cambian los tiempos.

"Existen infinidad de pruebas y ejemplos (solo hace falta tirar de hemeroteca) que demuestran que los miembros de la clase política española son unos auténticos vendedores de humo y unos demagogos, sea cual sea el color de su supuesta ideología."

Actualmente, la expresión "vender humo" significa tener la intención de sacar provecho de otro o de otros con la promesa de algo imposible de conseguir. Por desgracia, en España abundan los vendedores de humo en todos los sectores y gremios profesionales. Entre ellos destaca la clase política como la vendedora de humo "number one" con amplia diferencia. Pero, ¿cómo es posible que nuestros políticos, unos abnegados, sufridos, desprendidos y desinteresados servidores públicos (como así se hacen llamar), hayan alcanzado esta consideración por la que en tiempos de los romanos serían condenados a morir en la hoguera?, ¿es posible que los ilustres padres y creadores de las leyes y del derecho estuvieran equivocados?, ¿acaso tanto han cambiado las cosas?

 

El concepto de vender humo está íntimamente ligado al concepto de demagogia, que es "el empleo de halagos, falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir y otros procedimientos similares para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la propia ambición política". ¿Le suena familiar?

 

Existen infinidad de pruebas y ejemplos (solo hace falta tirar de hemeroteca) que demuestran que los miembros de la clase política española son unos auténticos vendedores de humo y unos demagogos empedernidos, sea cual sea el color de su supuesta ideología: azules, naranjas, rojos o morados... da igual, porque no entienden otra manera de hacer política y de ganarse la vida, aunque para ello no les importe mentir, engañar y traicionar a los ciudadanos españoles.

"Para entender lo que dice un político, hay que pensar justo lo contrario: si dicen que bajarán los impuestos, lo que harán es subirlos; si dicen que las pensiones se mantendrán, lo que pasará es que desaparecerán; si prometen luchar contra la corrupción, lo que realmente harán es crear leyes cada vez más blandas con los corruptos."

Promesas imposibles de cumplir o fantasías absurdas como la creación de millones de puestos de trabajo, bajar los impuestos, luchar contra el fraude y la corrupción, mano dura con los terroristas... lo que sea con tal de alcanzar el poder, que luego si te he visto no me acuerdo. ¿Los programas electorales? bien gracias, en un cajón bajo siete llaves, no sea que a algún despistado se le ocurra preguntar por ellos. Sin lugar a dudas, Vetronio Turino se sentiría orgulloso de nuestros actuales políticos. 

 

Desgraciadamente, el esperpento en España ha alcanzado cotas tan elevadas que hasta los votantes más fieles y cabezotas empiezan a replantearse su postura, ya que para entender lo que dice un político, hay que pensar justo lo contrario: si dicen que bajarán los impuestos, lo que harán es subirlos; si dicen que las pensiones se mantendrán, lo que pasará es que desaparecerán; si prometen luchar contra la corrupción, lo que realmente harán es crear leyes cada vez más blandas con los corruptos. Demagogia pura y dura.

 

Como se les empieza a ver el plumero, ahora se han sacado de la manga un nuevo comodín: "populista", y todo aquel que se atreva a contradecir sus opiniones o ideas es acusado de estar haciendo "populismo", como si ellos mismos no lo llevasen haciendo durante los últimos cuarenta años. Donald Trump es populista. Marine Le Pen es populista. Todo el que alce la voz en contra de sus intereses es estigmatizado y sus argumentos ridiculizados. Es la misma historia de siempre, hace unos años la palabra mágica era "facha" o "fascista", que de tanto usarla ha perdido su significado y su sentido, y ahora se han tenido que inventar otra nueva porque se les ha acabado el discurso y el comodín.

"Pretenden convencernos, como si fuésemos tontos, de que ellos son los grandes defensores y valedores de la Democracia y de la Constitución, cuando en realidad son ellos los únicos en España que no acatan ni cumplen nuestra Carta Magna."

"Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución." El artículo XVI de la Declaración de los Derechos del hombre y del Ciudadano de 1789 es revelador de la situación actual en España y del creciente malestar de los ciudadanos con la clase política, que dicen ser sus representantes.

 

Entre la clase política el nuevo eslogan de moda de su argumentario político es: "nosotros los partidos constitucionalistas", que no es más que otro intento de vendernos humo a los españoles. Pretenden convencernos, como si fuésemos tontos, de que ellos son los grandes defensores y valedores de la Democracia y de la Constitución, cuando en realidad son ellos los únicos en España que no acatan ni cumplen nuestra Carta Magna.

 

El nuevo partido naranja, creado para canalizar el descontento creciente de millones de españoles, propone como solución a esta situación una supuesta reforma de la Constitución, a la que azules y rojos parecen dispuestos a unirse. Desde luego, el grado de estulticia y ridículo está llegando a cotas inimaginables porque, ¿para qué reformar la Constitución si los que pretenden reformarla no la cumplen?, ¿acaso van a mejorar lo que existe actualmente?, ¿están capacitados estos políticos para ello si los comparamos con quienes la redactaron hace cuarenta años?, y por encima de todo, ¿no sería más lógico y más fácil que la Constitución se cumpliese?, ¿que los políticos diesen ejemplo e hiciesen cumplir la Constitución a los propios políticos?. Es un sinsentido de tal magnitud que parece sacado de una película de Antonio Ozores.

"La triste realidad es que la clase política tampoco conoce la Constitución Española. Todos ellos, brillantes opositores a notarios, registradores de la propiedad, abogados del Estado... dicen que son capaces de memorizar cientos de temas, y sin embargo ni siquiera son capaces de decir de qué trata cada artículo de la Constitución."

Al final, todo esto no es más que humo: el que nos intenta vender la clase política como solución a un problema que ellos mismos han creado y que realmente no tienen el más mínimo interés en resolver... porque se les acabaría su estupenda forma de vida, y porque la mayoría de ellos acabarían entre rejas, ya sea por acción o por omisión.

 

En España todo el mundo habla de la Constitución pero realmente muy pocos la han leído. A lo sumo les suenan los artículos más importantes, los que están de actualidad o de los que se habla en las tertulias, pero de leerla y entenderla, pocos se han tomado la molestia.

 

La triste realidad es que la clase política tampoco conoce la Constitución Española. Todos ellos, brillantes opositores a notarios, registradores de la propiedad, abogados del Estado... dicen que son capaces de memorizar cientos de temas y sin embargo, no es que no se sepan de memoria nuestra Carta Magna (que deberían, ya que muchos llevan 20, 30 o 40 años viviendo de la política), sino que ni siquiera son capaces de decir de qué habla cada artículo de la Constitución. Es probable que la mayoría ni siquiera se la haya leído, en vista de la incapacidad que demuestran cuando no tienen escrito su discurso. Lo más que consiguen cuando les pillan a pie cambiado es balbucear frases inconexas o farfullar frases hechas y palabras vacías.

"¿Por qué si se considera la Constitución como algo tan fundamental de nuestra democracia y de nuestra sociedad, a los jóvenes estudiantes no se les enseña en el colegio o el instituto?"

Es increíble que miles de jóvenes (y no tan jóvenes) brillantes y bien preparados hayan tenido que emigrar a otros países, y que aquí tengamos a una clase política tan incapaz. Ingentes cantidades de dinero y esfuerzo destinados a formar a las generaciones más preparadas de nuestro país para que al final se quede en España la generación de políticos más corrupta y analfabeta de nuestra historia.

 

¿Por qué si se considera la Constitución como algo tan fundamental de nuestra democracia y de nuestra sociedad, a los jóvenes estudiantes no se les enseña en el colegio o el instituto?. En muchos países es una asignatura en sí misma y gracias a ello la conocen y la respetan. 

 

La respuesta es sencilla: si realmente supiesen en qué consiste, se darían cuenta de que no es más que papel mojado y que en España no se cumple... y eso sería un grave problema para todos los vendedores de humo que se hacen llamar a sí mismos "partidos constitucionalistas" pero que se saltan a la torera la Constitución

"Es cierto que uno no se da cuenta del valor de algo hasta que lo pierde. Espero que eso no tenga que ocurrir en nuestro país y acabemos lamentándonos por no haber sabido conservar algo tan valioso."

Existen algunas versiones de la Constitución Española muy sencillas de leer y de entender que se encuentran de manera gratuita en internet para todos aquellos a los que la lectura de textos legales se les haga difícil y aburrida. Incluso existe alguna versión para niños con dibujos, aunque es normal que no se encuentre fácilmente porque no interesa que los ciudadanos españoles conozcamos nuestra Carta Magna.

 

Es muy recomendable la edición publicada en 2015 por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad: "La Constitución Española en lectura fácil". Se trata de una adaptación artículo por artículo pensada en un principio para personas con discapacidad o con dificultades de comprensión lectora, pero es una versión muy amena y comprensible que puede servir para todas aquellas personas que no se plantearían leerla en su versión original. Se encuentra fácilmente en internet y se puede descargar gratis en PDF. Mi más sincera enhorabuena a los autores e impulsores de esta publicación.

 

Por desgracia, el Día de la Constitución se ha convertido en un día festivo para la mayoría y en la jornada de puertas abiertas del Congreso de los Diputados para ver los agujeros de los disparos del coronel Tejero en el techo del hemiciclo. Nada más.

 

Algo que costó tanto esfuerzo y sacrificio conseguir y lo poco que se valora actualmente. Es cierto que uno no se da cuenta del valor de algo hasta que lo pierde. Espero que eso no tenga que ocurrir en nuestro país y acabemos lamentándonos por no haber sabido conservar algo tan valioso.

 

En el siguiente artículo analizaré uno a uno los artículos de la Constitución y veré si esta se cumple o no en España.

 

Yo creo que no... pero ya veremos.