Nadie va a venir a salvarnos

Es un día como otro cualquiera. Los viajeros esperan pacientemente la llegada del autobús bajo un sol abrasador. Unos leen el periódico y otros se mantienen absortos en sus pensamientos. El autobús llega a la parada y abre sus puertas para que los pasajeros suban.

 

Una adolescente con gafas decide tomar asiento junto a la ventana abierta. Hay muchos asientos libres porque apenas son las seis de la mañana. La chica se gira y mira disimuladamente para ver si el resto de pasajeros se ha sentado, recordando lo que su madre le enseñó acerca de ser una jovencita bien educada: sentarse la última como muestra de cortesía hacia los demás.

 

Justo cuando el autobús está a punto de arrancar, una mujer golpea la puerta de malas maneras. El conductor le abre y ella sube, paga su billete sin molestarse en dar las gracias y guarda su cambio en el monedero. Cuando levanta la cabeza, se fija en la joven de las gafas, mientras esta mira distraída por la ventana. 

"El miedo y la parálisis de la joven se convierten en una mezcla de indignación y de rabia, decide que si quieren que se levante, tendrán que hacerlo ellos mismos."

"¡Levántate y déjame sentar!, este no es tu sitio", grita la mujer.

 

La joven mira primero a la señora y después hacia atrás. Hace un instante había comprobado que quedaban asientos libres. No entiende qué es lo que ocurre y la mujer insiste cada vez más alterada. La joven no se atreve a abrir la boca, pero le indica con la mirada el resto de sitios vacíos. La mujer comienza a levantar la voz mientras un hombre con barba se acerca hacia ellas.

 

"¿Es que no has oído lo que te ha dicho la señora?, ¿a qué esperas para levantarte?". La joven cada vez se siente más acorralada, su cuerpo se paraliza por el miedo, las gotas de sudor frío recorren su frente y su cara comienza a palidecer.

 

El conductor del autobús se vuelve alterado hacia la joven.

"¡Muestra un poco de respeto, deja sentar a la señora o te echo a patadas de mi autobús!".

 

Entonces, el miedo y la parálisis de la joven se convierten en una mezcla de indignación y de rabia, decide que si quieren que se levante, tendrán que hacerlo ellos mismos...  se gira y mira hacia la ventana para evitar discutir más.

 

En ese mismo momento un coche de policía pasa junto al conductor del autobús y este le hace una señal con la mano, indicándole que pare.

"¿Algún problema?", pregunta el agente acercándose a la ventanilla.

"¡Esa sucia negra, si no os la lleváis de aquí, yo mismo la sacaré a rastras del autobús!".

"Nosotros nos encargamos", contesta uno de los agentes sin inmutarse.

"Como protesta por la encarcelación de esta última, un joven y desconocido pastor afroamericano llamado Martin Luther KIng organizó una protesta pacífica que promovía no utilizar los autobuses públicos."

Finalmente, a la joven la esposan y se la llevan en el coche a la comisaría del pueblo, allí la mantendrán encerrada dos días acusada de mala conducta y desacato a la autoridad. En realidad, su único delito es el color de su piel. La chica de las gafas se llama Claudette Colvin, estamos en Montgomery, Alabama y es el año 1955.

 

Este incidente se extendió como la pólvora a pesar de que ningún periódico ni emisora de radio informó sobre ello. A este hecho le sucedieron otros similares como el de la conocida activista Rosa Parks nueve meses después.

 

Como condena por la encarcelación de esta última, un joven y desconocido pastor afroamericano llamado Martin Luther KIng organizó una protesta pacífica que promovía no utilizar los autobuses públicos. Animaba a la comunidad afroamericana a desplazarse por sus propios medios, incluso andando si fuese necesario.

 

Este llamamiento a la acción ciudadana no solo fue seguido por la comunidad afroamericana. Muchos ciudadanos americanos blancos, conscientes de dicha injusticia, decidieron sumarse al boicot que proponía King.

"Cientos de personas a lo largo y ancho del país caminaban durante horas mientras los autobuses pasaban a su lado completamente vacíos."

En las fábricas y en las oficinas los trabajadores llegaban a sus puestos de trabajo tarde, cansados y casi sin fuerzas para realizar sus tareas. A pesar de que la producción empezó a decaer debido a la baja productividad, a ningún dueño o encargado se le ocurrió despedir a ningún trabajador porque en muchos casos los propietarios llegaban a sus negocios más tarde que sus propios empleados.

 

Debido a la ausencia de viajeros, no solo las compañías de autobuses, sino miles de empresas de todo el país empezaron a ser deficitarias. Cientos de personas a lo largo y ancho del país caminaban durante horas mientras los autobuses pasaban a su lado completamente vacíos.

 

Ante la gravedad de la situación, el poblema tuvo que ser resuelto por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América, que declaró inconstitucional la segregación en el transporte. No se registraron altercados graves, tampoco se quemaron contenedores ni se tocaron tambores en los parques o en las plazas de las ciudades.

 

Esta resolución fue el inicio de la lucha por los derechos civiles en USA. Culminó con la firma de la Ley de Derechos Civiles en 1964 y la Ley de Derecho de Voto en 1965.

"Los libros de texto en los colegios y los cuentos que leen los padres por las noches a sus hijos cuentan grandes historias para grandes héroes, seres míticos e inalcanzables para el común de los mortales."

Es un ejemplo inspirador que pone de manifiesto la importancia de las acciones de las personas corrientes, porque demuestra cómo hasta las cosas más difíciles pueden cambiarse tomando decisiones pequeñas.

 

Pensemos en los grandes cambios sociales y en los hechos históricos más importantes. Tendemos a pensar en grandes personajes y batallas, lugares y fechas. En este caso acuden a nuestra mente las famosas imágenes de Martin Luther King pronunciando su célebre discurso "I have a dream" ante cientos de miles de personas en Washington.

 

A todos nos sucede lo mismo, debido a que nuestro cerebro almacena las cosas más impactantes. Pero hay otra razón que no es biológica sino social: desde pequeños se nos educa mediante razonamientos equivocados, con buena intención, pero erróneos igualmente. Los libros de texto en los colegios y los cuentos que leen los padres por las noches a sus hijos cuentan grandes historias para grandes héroes, seres míticos e inalcanzables para el común de los mortales.

 

Esta forma de educarnos hace que nos consideremos personas insignificantes, asumiendo nuestra supuesta incapacidad para hacer, cambiar o solucionar nada. Lo único que nos queda es esperar a que surja un ser sobrenatural que no sabemos cómo nos salvará: el mesías, el profeta o el príncipe valiente. Sin haber dado ni siquiera un paso ya estamos atados de pies y manos, un sentimiento de impotencia nos invade y nos paraliza. No ha empezado el partido, ni siquiera hemos salido al campo y ya hemos perdido. 

"Las personas que se convierten en grandes líderes son las que representan el esfuerzo, la ilusión y el deseo por cambiar las cosas de muchas personas corrientes."

Pero las cosas no siempre son como parecen, un ejemplo de ello es Claudette, que inició uno de los grandes cambios sociales del siglo pasado. Una chica de quince años negándose a ceder su asiento del autobús a una señora racista maleducada en un pueblo perdido de Alabama se convierte en un claro ejemplo de la trascendencia de nuestras más pequeñas decisiones.

 

Si otras personas como ella no hubiesen seguido su ejemplo, Martin Luther KIng no sería considerado como uno de los grandes líderes por la defensa de los derechos civiles. Las personas que se convierten en grandes líderes son las que representan el esfuerzo, la ilusión y el deseo por cambiar las cosas de muchas personas corrientes.

 

El autobús representa España. El asiento: la política. La señora racista maleducada: los políticos. El conductor, el policía y el señor de barba: los afines a la clase política. Y la joven negra somos nosotros, los ciudadanos españoles. Además pagamos nuestro billete, el de la señora racista maleducada y el de los demás con nuestros impuestos porque el autobús no es gratis.

 

La valentía de esa joven representa que debemos replantearnos muchas cuestiones en España, cuanto antes mejor, porque nadie va a venir a salvarnos. Debemos asumirlo, cada uno de nosotros debe ser responsable de lo que hace y a quién le otorga legitimidad con su voto.